EN LO QUE DURA UN TANGO by Felicitas Rebaque

Masticadores

Rondaría los cuarenta. Buena planta y estatura. Moreno, pelo negro, ojos negrísimos en unas esculpidas facciones de rasgos acusados y varoniles que rubricaba una boca de labios carnosos y sugerentes. El pantalón vaquero y la camisa blanca desvelaban un cuerpo aficionado a los deportes y al aire libre.

Confieso que me perturbó. Aquel hombre pareció llenarlo todo. Era en verdad atractivo. Lo más atractivo que había visto fuera de una pantalla de cine.

A pesar de la sonrisa amable su rostro reflejaba preocupación. Me miraba esperando a que yo dijera algo. Ante mi silencio, preguntó:

—¿Es grave la herida de mi madre?

Su voz fue un latigazo que me hizo reaccionar.

—No, no —respondí, ocultando mi afectación bajo una pose profesional—. Una vez suturada sólo hay que evitar que se infecte. En un par de días tendrá que pasarse por mi consulta para revisar como va cicatrizando.

—Allí, estaré —afirmó…

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