“Que haya muerto no prueba que se haya vivido”

mano

(Imagen sacada de internet)

Hoy, en el “Diario de León” me he encontré con este estupendo artículo de María J. Muñiz sobre la vida, y he pensado que merece la pena compartirlo.

No está de más pararnos a reflexionar sobre como pasamos nuestro tiempo. Quizás los años han hecho que deje de correr tras los días de la semana con la vista puesta en el sábado y domingo, o saltando por los meses esperando las ansiadas vacaciones o  alguna otra fecha significativa.  La vida es demasiado preciosa, demasiado corta como para no vivirla intensamente. Porque comenzamos a morir en el mismo momento de nacer. Constantemente leemos frases alusivas a ello, pero creo que no somos conscientes de esa realidad, quizás demasiado dura para tenerla demasiado presente

“La primera vez que lo leí me sacudió las entretelas. «Que haya muerto no es prueba de que haya vivido». Los pelos de punta. Tantos lunes deseando que sea viernes, galopando junio para que llegue al fin agosto, tantas mañanas apretando los dientes para que pasen deprisa,… Tanto empeño en que el tiempo se escurra como arena entre los dedos. Tanta vida escapada en el impulso de huir de las obligaciones para acariciar las devociones.

Me quedó grabada como con un hierro a fuego. Ni un minuto sin vivirlo. Ni un día sin expectativa. Ni un lamento por el tiempo que zanganea lento, siquiera en el dolor. Aunque el día a día y la rutina te arrastren al fluir que atropella las aspiraciones, no cejar en el empeño. Todo es vida que exprimir.

¿Todo? El tiempo, precisamente, suele dar sus lecciones lanzándote a los morros evidencias de que en este mundo traidor todo tiene su anverso y su envés.

Y llega ese punto en el que te escuece reconocer (porque lo sufres en tus queridos, y lo temes en tu futuro) que el hecho de no haber muerto no implica necesariamente que se viva. Eso es el dolor. Incluso cuando desde el punto de vista médico no hay consciencia, o precisamente por ello, eso es el dolor.

La vida es el bien máximo a conservar, pero ¿es vida la agonía sin fin? ¿Es vida la dolorosa vereda que sólo tiene a la vuelta del camino la inevitable muerte?

Toda investigación en la lucha la enfermedad y en la búsqueda del bienestar es necesaria e insuficiente. Mas quizá requiera cierta cordura. Alcanzar el límite de la vejez sin conseguir una digna calidad de vida es un debate a poner sobre la mesa. Si morir antes de tiempo no tiene sentido (y cada uno tiene su tiempo), vivir más allá de lo que el cuerpo o el alma dicten no deja de ser un amargo castigo.

Lástima que no esté en nuestras manos tomar la decisión. No sabemos lo que hay más allá, pero a veces mucho de lo que acontece acá parece estar de sobra. No es nada nuevo. Ya lo dijo Séneca: «El mayor de los males es salir del número de los vivos antes de morir».

 

 

 

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