La Magia de la Noche de San Juan. “La encantada”

 

Hoguera

Noche de San Juan, celebrada con fuego y sortilegios. Noche bruja, noche menguada que das la bienvenida al solsticio de verano. Fuego, sol de la noche de luna. Y Agua. Acudid a mi conjuro y protegerme de lo malo y atraed lo bueno.

Noche mágica que eres proclive para los milagros, para dar vida a las leyendas y dejar que salgan a la luz las cosas que estaban ocultas.

Por esa razón, Adela, “La encantada”, del II libro de “Nuevos Cuentos Castellanos Viejos”, trata de convencer a Javier para que rompa su encantamiento. Javier duda, y ella se impacienta porque tendrá que hacerlo justo antes de la Noche de San Juan.

 

La encantada

Ilustración de Eva del Riego

—Hace muchos, muchos años, un hada se enamoró de un caballero. Como

su relación era imposible, ya que las hadas y los humanos viven en mundos diferentes, ella, en prenda de su amor, transformó su peine de oro en una hermosa peineta y se la regaló a su amado con la condición de que en su recuerdo la llevara prendida en el velo la novia de su primogénito el día de su boda. Y así, todos sus descendientes por los siglos de los siglos, de generación en generación. Si se dejara de cumplir esa tradición se rompería la promesa de amor dada y caería una tremenda maldición sobre la familia.

—¿Me estás contando un cuento de hadas? —le pregunté, extrañado—. Ya

soy mayor para estas historias.

Ella, paciente, me interpeló:

—Me cuesta mucho hablar de esto, por favor no me interrumpas. Has

jurado creerme. Déjame terminar.

—Durante años, siglos, las novias de los primogénitos descendientes de

aquel caballero llevaron en su velo de novia prendida la maravillosa joya que se ofrecía como regalo de bodas, hasta que uno de ellos no tuvo hijos varones; los niños se malograban en el vientre materno o nacían muertos. En cambio las niñas eran sanas y fuertes.

Cuando las hijas se hicieron mayores, el padre les contó la historia de la peineta de oro. Su intención era entregar la joya a la hija mayor para que cuando ella fuera madre se la diera a su primer hijo varón y así poder seguir la tradición. Esa hija era yo. Cuando mi padre nos mostró la joya me quedé deslumbrada: era lo más hermoso que había visto nunca. Tenía forma de herradura, con tres largas púas coronada por tres pequeñas estrellas de seis puntas unidas por filigranas florales. Y me obsesioné con ella. Puesto que era la primogénita, desobedeciendo a mi padre, me propuse lucirla el día de mi boda. Nadie sabía en qué consistía la maldición, por lo que me convencí de que tal maldición no existía y que era una forma de asegurar que la joya quedara en la familia y no fuera a parar a manos ajenas. Así que días antes del enlace robé la peineta.

Cuando mi padre me vio entrar en la iglesia con la joya sujetando mi velo de novia montó en cólera. Ni el hecho de estar bajo techo sagrado le impidió parar la ceremonia y exigirme que le entregara la joya. Entre lágrimas, avergonzada, obedecí, pero al mismo tiempo que la desprendía del velo la vida de mi novio se fue tras ella y cayó desplomado al suelo. Todos pensaron que era un desvanecimiento fruto de la tensión, pero cuando comprobaron que su corazón había dejado de latir, su padre, desesperado, exigió venganza y un ejemplar castigo para mí. No me dejaron ni quitarme el vestido de novia: me encerraron en una cueva sin comida ni agua, enfrentándome a una muerte atroz. Mi padre no pudo hacer nada para salvarme la vida. Cuando días después, abrieron la puerta de la cueva y encontraron mi cadáver, mi padre, al verme, desesperado, cogió la peineta, causante de todas las desgracias, y la arrojó al fondo de un profundo barranco. Pero la promesa de un hada no se puede romper así como así y su veredicto fue tajante: mi espíritu no descansaría en paz hasta que se restituyera la joya a sus legítimos herederos.

La peineta, desde entonces, viajó por el tiempo de mano en mano y mi espíritu tras ella. Cada cien años, en los días previos al solsticio de verano, me hago visible y me dan la oportunidad de recuperar la peineta que me tiene que ser entregada en la Noche de San Juan. Siempre necesito la colaboración de un mortal. Hasta ahora no he dado con ninguno que quisiera ayudarme, y llevo así desde hace cuatrocientos años.

 ¿Conseguirá Adela su propósito? Para saberlo tendréis que leer el relato completo .

 

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6 respuestas a La Magia de la Noche de San Juan. “La encantada”

  1. María dijo:

    ¡Qué bonito es este cuento!
    Besetes, querida.

  2. Sin duda, la noche de San Juan es la mejor de todo el año 🙂

  3. La más mágica… noche para contar y vivir cuentos. Un beso, guapa

  4. Que lindo!!!!! Me ha gustado muchísimo!!! Besos

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