REGALO DE REYES

 

caja-gato

Sol en el cielo y una capa blanca de la helada nocturna  en la tierra. Soleada y fría mañana de Reyes. A pesar del propósito de madrugar, Luisa se levantó tarde, la impaciencia en esa mágica noche le impidió conciliar el sueño casi hasta el alba. Se extrañó que sus padres no la hubieran despertado. ¡Que raro!, pensó. Y al parecer no había nadie en la casa. Seguro que estarían en misa. Se dirigió a la sala, impaciente por ver los regalos. Pero sobre sus zapatos alineados junto al árbol, que había limpiado con esmero la coche anterior, no había nada.

Los ojos se le llenaron de lágrimas. No podía ser que los Reyes se hubieran olvidado de ella…un año más.  Se dejó caer en el sillón, desolada. A través de sus lágrimas contempló el árbol de Navidad, ajado y viejo, las guirnaldas y las bolas habían perdido su brillo. Las paredes lloraban estrellas desnudas de escarcha.

Extendió una mano temblorosa al portal de Belén para coger al Niño Jesús que reposaba en su cuna. Y se fijó que estaba cubierta de venas azuladas y de arrugas. La volvió a mirar extrañada.

Corrió a mirarse a un espejo y tampoco vio reflejada en él su cara de niña; el rostro que la miraba desde el otro lado era el de una anciana decrépita de ojos pequeños y grises.Se le quedó mirando un buen rato, y por último sonrío con tristeza. Todos los años, el día de Reyes, la ocurría lo mismo: despertaba sintiéndose la niña que fue, con la ilusión y la fe de que los Reyes le dejarían algún regalo, como entonces. Hacía años que nadie le traía regalos. A sus 90 años eran la única sobreviviente de su familia. Pero a pesar de ello, no había perdido la tradición, en esa noche mágica, de dejar  sus zapatos debajo del árbol.

Se terminó de secar las lágrimas y se dijo una vez más: el mejor de los regalos es la salud, estoy fuerte y sana, a mi edad me valgo por mi misma y todavía puedo saborear lo bueno de la vida, por ejemplo, este sol que entra por la ventana.

Descorría las cortinas cuando llamaron a la puerta. Era el vecino de abajo, un muchacho amable y cariñoso, con el que se encontraba en el portal y a pie de ascensor mantenía pequeñas charlas.

—Buenos días Luisa, le traigo un paquete.

—¿Para mí?

— Lo dejaron los Reyes Magos en mi casa, para usted. Miré, tiene su nombre.

—No me tomes el pelo, hijo. Si me hubieran querido traerme un regalo lo hubieran dejado en mi casa.

—No, mire, dejaron una nota: Para Luisa. Bueno, yo me tengo que ir. Ya me contará que le han traído los Reyes. Por cierto bonita decoración  navideña. Tiene la casa muy bonita.

—Lleva así años. No quito los adornos, los dejo durante todo el año, así alargo la Navidad, es la época que más me gusta.

El joven sonrío y le dijo:

—Muy buena idea. Creo que la voy a imitar.

Sentada en el sofá, Luisa miraba su caja emocionada y feliz, sin atreverse a abrirla. Notaba su corazón latir fuerte por la emoción. Pensó en su lesión cardiaca, pero le daba igual, ese regalo lo había esperado durante muchos años y si su corazón se resentía, el motivo lo merecía. ¡Aguanta corazón!

Algo se movía en el interior de la caja. Por fin levantó la tapa y un gatito asomó con ojos asustados. De un brinco salió y se acomodó en el regazo de Luisa. En su cabeza portaba una pequeña corona dorada. Le miró emocionada; seguro que era uno de los gatos del Rey Gaspar, su preferido.

 

 

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

19 respuestas a REGALO DE REYES

  1. Mª Yolanda Gracia López dijo:

    ¡Uf! me ha emocionado. Muy bello, y muy bien escrito. Feliz Año y Felices Reyes

  2. Me alegro de que lo hayas disfrutado . Está inspirado en una abuelita que conozco yo. Que tengas un feliz año, Yolanda.

  3. lurda55 dijo:

    Que bonito, emociona leerlo y ese gato iba a acompañar mucho a la yaya, seguro seguro. Feliz año, felicitas

  4. Tu relato es muy emotivo e invita a la reflexión. Días de sentimientos contrapuestos, días en los que el pasado se hace mas presente que nunca.
    Gracias y un fuerte abrazo.

  5. Luisa López Gómez dijo:

    Me ha encantado, Felicitas, me he visto reflejada 40 años más tarde, jeje, además, (el Rey Gaspar siempre fue mi preferido). 😉 Me gustaría compartirlo en mi muro de Facebook, con tu permiso. Ya me dices, gracias, un beso.

  6. cristinafra dijo:

    Me a emocionado, muy bien explicado la soledad y la edad.
    Feliz año nuevo 😊😊

  7. Me gusta tu relato, el giro del inicio, donde la niña se observa anciana es bueno…. Un regalo navideño tan entrañable merecía una buena historia como la tuya.
    Buen trabajo..

  8. Poli Impelli dijo:

    Me emocioné al ver a este personaje en tus letras. Aquí no festejamos los Reyes con tanta tradición, pero sin dudas hay muchos solos y solas con la esperanza de niños esperando ansiosos la presencia mágica en estas fiestas. Hermoso relato.
    Que tengas un año maravilloso.

    • Gracias Poli. La soledad de los ancianos se acusa más en estas fechas. Pero es así durante todo el año. Donde vivo hay mucha población envejecida y con muchos años, más de 90. En algunos casos viven solos en sus casas porque aún se defienden, en otros están en residencias, una soledad tan terrible como la otra. Gracias por leerme. Un fuerte abrazo y Feliz Año

  9. Junior dijo:

    Me a emocionado, porque llega hasta el corazón. Preciosa historia.

  10. ¡Ay, Felicitas!, casi me haces llorar. Estos días de fiesta, el pasado nos ataca con toda su fuerza y, supongo, que a medida que uno se va haciendo mayor, más todavía. 🙂 Me ha encantado que al final tuviera regalo y compañía, aunque fuera peluda.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s