Escribir para niños.

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Yo escribía y mi nieto jugaba en la alfombra. Estaba montando los cañones de su barco pirata, preparándose para atacar a los “malos”. Dejó un momento el juego y me preguntó:

—¿Qué escribes, abuela ?

—Una historia — respondí.

Abandonó sus legos y se sentó a mi lado.

—¿Te la estás inventando?

—Sí. Pienso en ella y luego la voy escribiendo.

—¿Y cómo te inventas las historias?

—Ellas se me acercan en silencio, se introducen en mi mente y esperan a que las descubra.

—¿Cómo en los sueños?

—También en los sueños aparecen.

—¿Y qué pasa si no las descubres?

—Me mandan señales para llamar mi atención.

—Es que estarás distraída. Como yo, algunas veces, en clase. Me distraigo.

—Sí, algo parecido.

—¿Y si no las atiendes se enfadan y te mandan al rincón de pensar?

—Las historias no se enfadan. Pero se ponen pesadísimas, y se pasan todo el día dando vueltas en mi cabeza.

—Pensarán..¡qué tonta que no se da cuenta!

—Eso creo que yo.

Te quedaste pensativo, un momento.

—Abuela, a mí me gustaría escribir historias. ¿Me enseñarás?

—No hace falta que te enseñe. Ya puedes hacerlo.

—Pero, ¡¡si no se escribir!!

—Pero sabes pensar y te la puedes imaginar.

Cogí, de entre sus juguetes, varios huevos de madera.

—A ver, vamos a inventar una historia con estos huevos. Era sé una vez…

Mi nieto continúo:

—Una gallina que había puesto unos huevos.

—¿En dónde vivía?

—En una granja. No, no en una granja no. Vivía en una casa. Era de un niño. Se la habían regalado por su cumple. La tenía en su cuarto. Y un día la gallina puso huevos. Y… ¡¡¡los pollitos estaban a punto de nacer!!!

Mi nieto había colocado los huevos en una caja, encima de la mesa. Dando saltitos iba y venía del sofá a la mesa y de la mesa al sofá. En cada viaje, miraba la caja y exclamaba:

—¡¡¡Están a punto de nacer!!!. Estoy nerviosísimo. Falta un poco así. —y juntaba dos dedos— Ya van a romper el cascarón.

—Pero, había un problema — le dije. En la casa, también vivía un gato.

Mi nieto se paró en seco.

—¿Un gato?

—Sí. Y los gatos se pueden comer a los pollitos.

—Pues, pues…

Mi nieto pensaba qué hacer con el nuevo personaje que le había introducido y resolver el conflicto. En ese momento él se introdujo en la historia.

—Pues cerramos la puerta de la habitación para que no pueda entrar.

—Es muy arriesgado, puede colarse en un descuido.

—Pues ponemos la caja de los pollitos en alto, para que no pueda alcanzarlos.

—Pero los gatos pueden trepar.

—Pues, los llevamos a la habitación de papá y mamá.

—No creo que los papás quieran tener a los pollitos y a la gallina en su cuarto. Quizás, habrá que echar al gato de casa.

Ante esa posibilidad se volvió a quedar serio y pensativo.

—Es que a mí también me gustan los gatos…

De repente, su carita se iluminó y volvió a dar brincos; siempre lo hace cuando está nervioso.

—Abuela, abuela, ya tengo la solución. No hace falta que el gato se vaya. No se comerá a los pollitos.

Me eché a reír, al ver su entusiasmo, y le pregunté

—¿Y eso? ¿Cómo harás para que no se los coma?

—Abuela, es que no te enteras. Es que el gato es vegetariano.

¿Ahora entendéis por qué me gusta escribir para niños?

 

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13 respuestas a Escribir para niños.

  1. Covi dijo:

    Genial la historia, Feli. Es maravilloso ver como los niños inventan con naturalidad, incluso cuando nuevos personajes aparecen en escena. No se complican, piensan en lo que conocen, y así les viene la solución.
    Por cierto, ¿cuándo tiene que llegar la peque? Besoss

    • Gracias, Covi. Ay, estos grandes personajillos, que se cuelan en nuestras vidas y se hacen imprescindibles. Son increíbles. La peque está a punto de nacer. Creo que llegará con la luna llena. La familia crece. Muchos besos.

  2. salvela dijo:

    Hermoso, divertido, emocionante…

  3. Gracias, Josep. Los niños son una fuente inagotable de anécdotas e historias. Son buenas musas. Un abrazo grande.

  4. Me introduje en el relato y fui viviendo los momentos de angustia y regocijo
    de su nietecito, al ir armando la historia.
    Extraordinariamente bello.
    Un gran abrazo desde México.

  5. María dijo:

    Los niños, esa fuente de inspiración tan tierna y maravillosa. Y esa abuela que deja volar su imaginación para dejarnos cuentos tan bellos. Es un tandem perfecto, querida mía.
    Mil besos para los dos…

  6. María, he pensado recoger todas las anecdotas de mis nietos. Dan para escribir buenas historias. Cuando sea mayores, les gustará leerlas. Un beso enorme para comenzar a abrir semana.

  7. Pingback: Premio Mental Paradise con trasfondo poético. | Demiannicolas's Blog

  8. evavill dijo:

    Me ha encantado el modo de resolver la trama de tu nieto. Precioso el niño y el gato vegetariano

  9. Es un placer leerte. Iré poco a poco abriendo las páginas de este blog tan interesante.
    Gracias.

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