CRUELES MUROS DE PAPEL


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Soy miembro del grupo Bubisher. Una asociación que trabajamos para llevar cultura, libros y esperanza a los campamentos de refugiados saharauis en la hammada Argelina. Llevamos más de ocho años  en los campamentos de refugiados, en las escuelas, en las tres bibliotecas que hemos construido a golpe de donativos solidarios e ilusión, fomentando la cultura entre los que han sido abandonados a un destierro eterno por las autoridades internacionales, encabezadas por España. No me voy a extender más explicando el proyecto porque no deseo hacer esta entrada demasiado larga. Para los que tengáis interés en informaros, podéis hacerlo en nuestra página web http://www.bubisher.com

Hoy, en esta entrada, os pido AYUDA Y APOYO para frenar la injusticia que se está cometiendo con personas saharauis que viven desde hace años en España, con trabajo, familia,  con hijos nacidos en nuestro país y que se les niega la nacionalidad española. Como es el caso de Zahra, una amiga saharaui. Os dejo a continuación una carta escrita por Fernando Llorente. En ella se expone su caso y el de otras personas en su situación. Estamos recogiendo firmas para apoyar la obtención de su nacionalidad española, que por otra parte, la tiene por derecho propio, ya que el conflicto de la antigua provincia española, El Sahara Occidental, que abandonamos hace 38 años,  y que ocupó Marruecos por la fuerza, se sigue sin resolver.

Gracias por leerlo. Si estáis de acuerdo, por favor, difundir. Estamos recogiendo firmas para apoyar nuestra petición a las autoridades pertinentes. Y si queréis apoyar, poneros en contacto conmigo.  Gracias anticipadas.


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CRUELES MUROS DE PAPEL

Fernando Llorente

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El pasado día 20 la periodista y escritora Rosa Montero tituló “Vergüenza” su semanal columna en el diario El País. Sentía vergüenza por los que no la sienten, que no es exactamente vergüenza ajena, sino la que producen quienes, por pocas atribuciones que tengan las amplían en exceso actuando de forma arbitraria contra alguien. Le produce vergüenza a la columnista el que autoridades españolas hayan negado, contra todo derecho, a la saharaui Zahara Abdallahi Lifdel la nacionalidad española, a la que es acreedora tras 18 años de residencia en España, donde ejerce su profesión de enfermera en un hospital madrileño, con las correspondientes cotizaciones a la Seguridad Social, sin perder de vista su filiación como hija de españoles, a los que como tales documentó en su momento un gobierno español de la dictadura franquista, a la que los sucesivos gobiernos democráticos -solo porque salen de unas urnas- están haciendo buena para los saharauis, después de la traición y el abandono, que abocó a su pueblo al éxodo, la guerra, el refugio y la tortura.

El caso de Zahara no es el único. Son muchos los saharauis que están sufriendo merma, cuando no anulación, de derechos que se contienen en la Ley de Extranjería, dejada en los últimos tiempos a la decisión de un funcionario policial o judicial, normalmente dirigida por circulares de uso interno, dictadas por la superioridad y desconocidas por las víctimas. Sin salir de Cantabria, la saharaui Lala Said Bechri vive en Santander desde el año 2007, donde ya disfruta de residencia permanente, y donde trabaja y cotiza a la Seguridad Social, desde pasadas tres semanas de su llegada, sin que su situación laboral haya experimentado modificación alguna. En 2008 perdió el pasaporte que, como saharaui, había expedido el Gobierno de la República de Argelia a su favor. En virtud de la Ley de Extranjería, el Grupo Operativo de la Policía informó favorablemente su solicitud de la Cédula de Inscripción de Extranjeros, prevista para inmigrantes indocumentados, y la Delegación de Gobierno en Cantabria concedió el correspondiente documento, que pone a Lala bajo protección española. Durante cuatro años le fue igualmente concedido el Título de Viaje, solo posible si se ha obtenido la Cédula, que le permitía viajar durante sus vacaciones laborales a Mauritania y Argelia, destino este último donde sobreviven, con su ayuda desde lejos, en los campos de refugiados de Tinduf una parte de su familia, a la que durante esos cuatro años pudo visitar. Hasta aquí todo, ni bien ni mal, simplemente normal, acorde con la Ley de Extranjería. En 2013 y 2014, y sin que dicha Ley haya sido cambiada, se le ha concedido la Cédula de Inscripción de Extranjeros, pero se le ha denegado el Título de Viaje. Debería, para obtenerlo, presentar junto a la solicitud certificado de gravedad, exigencia que en los cuatro años anteriores no se planteó. ¿No es grave que su familia, hermanos y sobrinos -la madre, muerta- sufran exilio en la parcela más dura e inhóspita del desierto del Sahara? En 2013, con todas las dificultades inherentes a los trámites burocráticos y la dificultad de envío que, junto con otras muchas, padecen los refugiados, y actuación de abogacía mediante, se le concedió el Título de Viaje, cuando ya no podía hacer uso de él, una vez presentado recurso acompañado de certificado de gravedad familiar. En 2014, junto con la solicitud presentó documentalmente motivos de gravedad, pero un funcionario policial se permitió considerar poco grave la gravedad, como si médico fuera, así como poner en entredicho la relación abuela-nieta entre Lala y su abuela -grave-, con la exigencia de que se certificara ese extremo del certificado, que se certificara el certificado. No obstante y antes de la denegación definitiva, se le ofreció un Título de Viaje por dos meses de duración, ¿sarcasmo o ignorancia?, dicho Título debe tener seis meses de vigencia después del viaje, como si de un pasaporte con diez años de validez fuera, cuando se limita a la vigencia de la Cédula, 12 meses..

Podría seguir relatando argumentos incomprensibles, ¿para qué? Lala pasará otro año sin poder ver a la familia. Una parte de ella vive bajo la ocupación de las fuerzas militares y policiales marroquíes en las ciudades del Sahara Occidental. Un muro de 2700 kms., que divide de norte a sur la patria arrebatada, impide verlos desde hace más de 20 años. Otra parte de su familia resiste, con su ayuda, en los campamentos de refugiados. Pero tampoco puede verlos, porque una interpretación espuria de la Ley de Extranjería, plasmada en un informe policial, levanta un muro de papel tan cruel e inhumano como el de piedra y arena que atraviesa el desierto saharaui.

Zahara Abdallahi Lifdel y Lala Said Bechri son solo dos saharauis víctimas de actuaciones policiales y judiciales, sospechosamente duras, declaradamente injustas e inhumanas. Hay muchos más. Saharauis, digo

 

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Una respuesta a CRUELES MUROS DE PAPEL

  1. María dijo:

    Querida Feli,
    Ya sabemos desde hace tiempo de la injusticia que están cometiendo las autoridades españolas y el olvido al que está sometido el pueblo saharaui.
    Creo que todos debemos apoyar estas causas, como si fueran nuestras, Porque, de hecho, lo son.
    Un abrazo, preciosa…

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