Adios, querido Gabo.

 

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Hace años, cuando comencé a escribir, una entrañable amiga me llamaba  “mi Gabo”. No porque, ni mucho menos, me equiparara con el “Gran Maestro”, sino para que ese apelativo cariñoso, me estimulara en mis principios literarios.

Sus libros fueron lecciones de aprendizaje, a mayores del placer de introducirnos y vivir sus historias y los mundos que nos mostraba con su forma maravillosa y única de escribir y de describir.

Le descubrí con “La hojarasca”, al que siguieron “Cien Años de Soledad” y todos los demás.

Cuando comenzaba a tomarme más en serio mi camino literario, y mis pasos eran vacilantes, a menudo, dejaba leer lo que escribía a algunos amigos recabando su opinión. Siempre he tomado muy en cuenta las críticas y comentarios como fuente de aprendizaje y para mejorar mi escritura.

En una ocasión envié a uno de “mis críticos” particulares el primer capítulo de la novela que estaba escribiendo. Fue demoledor, me contestó, que no estaba mal, pero que no era mejor que una redacción de una chica de Bachiller. La verdad, me dolió, porque no daba ninguna explicación ni argumento que sustentará tan negativo comentario.

Días después, tomé un capítulo de “La Hojarasca”, sustituí algunas frases y giros de palabras que podían dar pistas del autor, y le volví a mandar  ese nuevo texto, haciéndole pasar como mío, y preguntándole que si estaba mejor escrito que el anterior. Su respuesta fue: “Más o menos como el otro, se dan la mano” Esta vez lo suavizó con. “Tú puedes escribir mucho mejor”.

Le contesté a su nueva crítica, dándole las gracias por su consejo y por ponerme a la altura  de un premio Nobel de literatura, descubriéndole mi pequeña trampa, al libro y al autor. Tengo que confesar que me perdonó, pero yo no le volví a dejar leer mis textos.

Hoy nos ha dejado Gabriel García Márquez, y Macondo está más desolado que nunca. El abatamiento y el abandono rezuma entre sus libros. Los que le admiramos y seguimos sentiremos su ausencia y trataremos de descubrir,  en esos mundos que ahora transita, una señal de su huella

“El mar crecerá con mis lágrimas” escribió en “La mala hora”. Hoy, el mar crecerá con todas las lágrimas de los que lamentamos su muerte.

Hasta siempre, querido Gabo. Sigue inspirándonos desde donde te encuentres.

 

 

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8 respuestas a Adios, querido Gabo.

  1. Carmen dijo:

    Es muy hermoso lo que has escrito de tus comienzos un post precioso para nuestro querido Gabo jamás lo vamos a olvidar ni a su ciudad imaginaria Macondo seguro él estará allí con los Buendia.
    Feliz viernes santo desde mi mar mediterráneo
    Besos

  2. Gabriela dijo:

    Hasta siempre a Gabriel 😦
    y hasta pronto a ti Felicitas, mi admiración es para quienes tienen el don de la palabra.
    Un abrazo
    G.

  3. la palabra está de luto Felicitas… un beso

  4. Un fuerte abrazo, para ti, Ruben.

  5. Ana G. dijo:

    He leído en la red que con su muerte se hace eterno y no estoy de acuerdo, ya lo era. Pertenece a esa minoría que se le reconocía su valía en vida.
    Querida amiga, preciosa tu anécdota. Eso demuestra que no todos tenemos la misma visión de lo que está bien o mal escrito, como dicen por ahí, para gustos los colores.
    Y volviendo a Gabo…Descanse en paz en la gira que recién ha empezado.
    Muackissssss guapa

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