Propósito de Julio: Introspección

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Imagen sacada de internet

Me recojo, lo necesito. He estado demasiado tiempo fuera, con la mirada puesta en múltiples estímulos que reclamaban mi atención. Los acontecimientos me han llevado en volandas sin apenas darme tiempo a asimilar lo vivido, de aquí para allá, de un lugar a otro, a golpe de suspiro.

Hoy necesito replegar mis alas, detenerme, y mirar hacia mi interior. Escuchar la voz del silencio que me habla desde lo más profundo del alma. Abrir la puerta a ese espacio mental donde duerme la armonía y el espíritu. Necesito beber de sus aguas para fortalecer mi energía y equilibrio. Para hacer presente mi conexión con el Universo y sentirme una con la vida.

 

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SOLIDARIDAD CON SOLIDARIDAD SE PAGA

 

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Hace unos días, presentaba en León, el libro solidario del Bubisher “El Niño de Luz de Plata”. Como ya he contado aquí, es un cuento creado por los niños saharauis del club de lectura de Farsía (Smara), escrito por Gonzalo Moure, cuyos beneficios de su venta  irán íntegros a la construcción de una nueva biblioteca en el campamento de Smara. A la convocatoria acudieron muchos amigos  interesados en el proyecto Bubisher, entre ellos el escritor y cantautor José Luis  Serrano Cantarín,  que anda , en estos momentos,  inmerso en la publicación de su propio proyecto solidario  “Palabra a la vista”, al que dediqué una entrada, no hace mucho. Todos los beneficios de su libro irán destinados a las ONGs PROEMAID Y CAMINANDO FRONTERAS.

El viernes pasado,  lo presentó en SOFCAPLE, (Sociedad para el Fomento de la Cultura de amigos del País de León), y tuvo la amabilidad de invitarme a subir al estrado para que  hablara unos minutos sobre el proyecto Bubisher y del libro “El Niño de Luz de Plata”. Pero hizo algo más: en uno de los relatos de su libro, el que lleva por título: “Una de animales”, escribió  una linea para incluir entre las aves del cuento, al bubisher. Pero su generosidad no terminó ahí,  al final de este mismo relato añadió una nota que dice así:

“Años después de escrito este cuento he sabido la existencia del bubisher, pajarito portador de buenas noticias. Y del Bubisher, bibliobús que recorre los campamentos saharauis con su carga de libros. Muchas gracias a quienes los hace posible”

Muchas gracias José Luis, en nombre del Bubisher y en el mío propio. Es un gusto compartir contigo, amistad, literatura, canciones y solidaridad.

En estos tiempos que corren, la solidaridad es una obligación moral, un deber que no debemos soslayar. Si nos llamamos humanos, no podemos mirar a otro lado cuando nuestros semejantes sufren y necesitan nuestra ayuda. No podemos. No debemos.

Si queréis colaborar os dejo los enlaces

http://www.palabraalavista.es.

http://www.bubisher.com

Gracias.

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Nuevos Cuentos Castellanos Viejos II en Valladolid

Este mes va de presentaciones. En esta ocasión es en Valladolid, mi ciudad natal, en la que presento el libro Nuevos Cuentos Castellanos Viejos II. Dicen que nadie es profeta en su tierra. Yo espero serlo, que los buenos amigos que tengo allí, me acompañen ese día, Para mí es un orgullo presentar mis libros en la ciudad que me vio crecer.

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PALABRA A LA VISTA. Libro solidario

PALABRA A LA VISTA, es un libro de relatos breves , escrito por JOSÉ LUIS SERRANO CANTARÍN , escritor, cantautor. Persona comprometida, cuyos beneficios íntegros producidos por su venta serán destinados a las ONGs CAMINANDO SIN FRONTERAS Y PROEMAID . Este libro se produce por financiación colectiva a través de LANZANOS. Creo que es de conciencia y de solidaridad participar.

https://www.lanzanos.com/proyectos/libro-palabra-a-la-vista/

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Propósito de Junio

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(Imagen sacada de Internet)

PRACTICAR EL DESAPEGO

“El desapego es la capacidad de hacernos nada para llegar a ser personas enteras.” Claudio Naranjo

Afirmación contundente y veraz.

Cuántas cosas necesitamos para darnos identidad? A cuántas personas utilizamos, inconscientemente, como espejos para crear nuestra imagen? ¿Cuántas veces nos aferramos a nuestras creencias y nos hace daño cuando las vemos cuestionadas por otros?

Hay que soltar esas amarras. Liberarnos de todo ese lastre que en definitiva nos impide desarrollarnos y  encontrar nuestra armonía interior.

El apego material o emocional genera miedos e inseguridades. En definitiva, nos hace frágiles y vulnerables y provoca sufrimiento.

Practicar el desapego es vivir en libertad. No significa que “pasemos” de las personas a las que amamos o de nuestras creencias e ideas. Significa amar en libertad, sin la necesidad de poseer a nada ni a nadie para sentirnos seguros, sin ponernos cadenas ni dejar que nos las pongan. Conlleva el vivir el presente, el aquí y el ahora. Y sumergirnos en nuestro yo interior, en donde se genera la verdadera felicidad.

En resumen, practicar el desapego consiste en ser responsable de uno mismo, vivir el aquí y ahora aceptando y asumiendo la realidad, vivir en libertad y respetar la libertad de los otros. Y por último, aceptar que las pérdidas forman parte de la propia existencia: nada es eterno.

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La flor de la canela

Se ha ido MARIA Dolores Pradera. Crecí con sus canciones , fueron las suyas con las que aprendí a tocar la guitarra junto a otras grandes como Joan Baez, Violeta Parra, Mercedes Sousa. La flor de la canela fue la primera canción con la que actué ante un público con motivo de un festival que organizamos en mi pueblo Tudela de Duero , para las personas de la tercera edad. No me acompañaron los Panchos, pero sí el guitarrista de la orquesta de mi pueblo que también tocaba de maravilla. Yo tenía 16 años . Y en algún tiempo se me nombró como la nieta del señor Lázaro,”La de la flor de la canela”. Un maravilloso y entrañable recuerdo de mi adolescencia . Hoy podría cantarla aquello de ….”Te vas porque yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiera te detengo…”…. siempre que escuchemos una de tus canciones allá donde estés. Y OJALÁ QUE TE VAYA BONITO

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LLAMADA INTERRUMPIDA

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Ilustración de María Corredera

LLAMADA INTERRUMPIDA

(Relato libro “La Libélula”)

Llevaba un buen rato despierto. El sueño se había alejado empujado por la niebla del amanecer. Se resistió a dejar la cama. Disfrutó del momento dejándose llevar por el rumor de las olas, evocando recuerdos perdidos en su memoria,  la voz de su madre susurrando nanas, quedito, quedo.  Se sintió niño de nuevo, seguro, feliz, libre al fin.

Alargó la mano y cogió el móvil de la mesilla; se aseguró que estaba encendido y que tenía cobertura. Miró la hora: las nueve y diez; tardaría por lo menos una hora en llegar.

Estaba impaciente. Por primera vez en muchos años era libre, por primera vez en muchos años iba a vivir como siempre soñó, con la mujer que amaba más que a sí mismo, más que a nada en el mundo.

El precio  por su libertad, muy alto: abandonar  su casa, que no su  hogar; romper con la  mujer con la  que había convivido, desde hacía años, ignorándose cordialmente. Enfrentarse a la incomprensión de su familia, a la de sus propios hijos. Dejar la seguridad de un trabajo monótono en el que se sentía atrapado, un trabajo que le convertía en un hombre gris y aburrido.

 Había roto con su vida anterior. Había provocado una catarsis por dentro y por fuera, sin importarle demasiado las consecuencias, pero por primera vez en muchos años, iba hacer lo que siempre deseó: escribir y  vivir cerca del mar.  El valor necesario para desafiar a todos y a todo  y retomar su destino a los 55 años, se lo había dado ella.

Volvió a mirar la hora, las nueve y media. El móvil  continuaba en silencio. No tenía porqué sonar, era demasiado pronto. Habían quedado que cuando estuviera al llegar llamaría y él saldría a su encuentro.

 La  luz del sol  entraba por la ventana de la habitación desdoblándose en matices tornasolados, dando a la estancia una atmósfera muy  especial. Deseó que ese efecto no desapareciese hasta que ella llegara. Ya debería de estar en camino.

El murmullo del mar y su impaciencia le hicieron levantarse. Se dio una ducha rápida; el agua fría le templó los nervios. Se vistió con ropa cómoda e informal. Adiós a los trajes y a las corbatas. Se sentía como un adolescente dispuesto a comerse el mundo y a emprender la mayor aventura de su vida. Unos golpecitos en la ventana le sobresaltaron y  le sacaron bruscamente  de sus pensamientos. Una gaviota se había posado en el alféizar y picoteaba insistente en el cristal.

— ¡Qué extraño!”— pensó—. No suelen nunca ser tan atrevidas.

Abrió de par en par la ventana y la gaviota alzó el vuelo. La estuvo mirando alejarse y reunirse al poco con algunas de sus compañeras. Inspiró profundamente dejando  que la brisa marina le diera los buenos días.

La mar estaba hermosa, el cielo la había vestido de tonalidades verdes; restos de la neblina del amanecer paseaban de puntillas sobre sus aguas, evitando mojarse con la espuma. En el cielo, jirones de sábanas blancas esperaban que el sol apareciera en el horizonte para terminar de secarse y recogerse. En la playa los más madrugadores  esperaban sentados en la arena, y desde la ventana, mientras aspiraba la brisa del mar, él también esperaba.

¡Qué lentas trascurren las horas cuando tu  deseo corre más  deprisa que el tiempo! Miró nuevamente el reloj, marcaba las diez y cuarto. Cerró la ventana.  Se dirigió a la mesilla y cogió  el móvil. Quizás, mientras estaba en la ducha,  había entrado algún mensaje, alguna llamada. Pero no, el móvil continuaba mudo.

 Ya debería de haber llegado. Recorrió la habitación un par de veces, entró en el baño otras tres, y volvió a pasarse de nuevo el peine sobre ese mechón rebelde que le caía por la frente. 

Volvió a la sala, cogió el teléfono e  hizo una llamada perdida a su antiguo despacho, sólo, para comprobar que el aparato funcionaba perfectamente.

Nuevamente, los golpecitos en la ventana le hicieron detenerse. Otra  gaviota, ¿o sería la misma?, se paseaba, por el alféizar de la ventana golpeando de vez en cuando con su pico el cristal. Interpretó este signo como de mal presagio y un pellizco de angustia le picoteó en el pecho.

—Díos mío —pensó—, me estoy comportando como un idiota.

 Se sintió ridículo y estúpido. Ella quedó que le llamaría cuando llegara. Le había dado bien la dirección, no había pérdida. Sería el tráfico, o habría retrasado su salida. Trató de tranquilizarse. La gaviota continuaba  tras el cristal.  Sus miradas se cruzaron hasta que ella emprendió de nuevo el vuelo.

 Entró en el dormitorio, arregló la cama, colocó en la estantería el libro que había estado leyendo, llevó  a la cocina la copa de coñac que le ayudó a dormir la noche anterior, se sirvió un café, volvió a la sala  y regresó a la ventana. Desde allí, además del mar, se veía el pequeño camino que servía de acceso a la casa.

Pasó mucho rato mirando el ir y venir de la olas, el revolotear de las gaviotas. Mientras las seguía con la vista, pensaba e imaginaba lo que iba a ser su vida desde ese instante.

Las ideas para sus libros se acumulaban en su mente, y todos esos proyectos y sueños, tantos años retenidos y aparcados, tomaban forma y salían a la luz. E impregnando su existencia: ella, llenándolo todo con su presencia, con su amor. Ella,  el motor y la razón de su vida y de su inspiración,  la más valiente, la más osada, la  que dejaba  lujos y comodidades, la que dejaba a su marido   para unirse a un pobre  soñador, para vivir una vida, según sus propias palabras, auténtica, una vida de verdad.

El sonido del teléfono le sacó de sus pensamientos. ¡Por fin!

— ¿Si? ¿Dónde estas?… ¿Oye, estas ahí?

Nadie respondió. En la pantalla apareció el mensaje: “llamada interrumpida”.

Estaba empezando a marcar su número, cuando el móvil comenzó a vibrar avisándole de la llegada de un mensaje.

—“No puedo hacerlo, perdóname”

El móvil vibraba en su mano. Él quedó inmóvil, incapaz de hacer ningún movimiento.

Una gaviota se estrelló contra el cristal de la ventana. En ese mismo instante,  el móvil cayó al suelo.

 

 

 

 

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Premio para Violeta

Hace tiempo que había escrito una novela a la que tengo muchísimo cariño. “Violeta Mara…mara…maravilla”. Una historia de, Jacobo un muchacho desencantado de la vida hasta el punto que no encuentra ningún sentido en vivir, y de Violeta, una muchacha con síndrome de Dwon que le hará ver que la vida es maravillosa.

Pues hoy me han dado la noticia que ha ganado el 2º Premio del I Concurso Juvenil y New Adult de la Editorial LxL.

No se puede comenzar mejor la semana. Feliz lo comparto y celebro con todos.

Premio LxLDesde Editorial Lxl, nos complace anunciarles los ganadores del I Premio de Novela Juvenil y New Adult Editorial Lxl 2018

Primer premio: Fuego, de Tamara González
Segundo premio: Violeta mara… mara… maravilla, de Felicitas Rebaque

Nuestra más sincera enhorabuena a los ganadores.
Gracias por la participación de todos los autores.
Tu sueño, nuestra meta.
Editorial Lxl

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Propósito de Mayo

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(Imagen sacada de Internet)

Cuesta, a veces, saber decir que no y establecer nuestros límites. No es fácil, deseamos agradar. Tememos contrariar al otro, nos preocupa lo que piensen de nosotros  y nos produce ansiedad negarnos a lo que se nos pide.

” A partir de cierta edad descubrí que no puedo permitirme perder el tiempo en cosas que no deseo hacer” Esta frase la escuché en boca del protagonista de la película La Gran Belleza de Sorrentino. Yo añadiría: …perder el tiempo en cosas que no deseo hacer por agradar a los demás en contra de  mi mismo.

Me dio que pensar. Y por eso mi propósito para Mayo aprender a decir NO

 

 

NO

No deseo el camino que me ofrecéis,

aunque tapicéis la senda de flores, las que me gustan.

Tampoco quiero llegar a aquel bosque que se dibuja a lo lejos

A pesar de que decís que es hermoso y estará lleno de cantos de pájaros.

No ansío acompañaros a ver el mar, o a las gaviotas que lanzan sus gritos de libertad sobre las olas.

No. En este momento, no.

Quizás más tarde, o mañana, o al mes que viene.

Quizás.

No necesito un largo paseo por el prado, ni leer hermosos versos de un poema, ni escuchar esa canción de amores apasionados o de amores rotos.

No

Ahora, solo deseo escribir mi libro, página a página, capítulo a capítulo.

Vivir y hacer de mi tiempo la arena de oro que desgrano entre mis dedos.

Ya lo sé,  es difícil decir no. Lo dijo Mario Benedetti: “ Es difícil decir que no. No quiero”.

Por eso  lo he ensayado muchas veces ante el espejo. Y ahora me sale de corrido.

 

 

DECIR QUE NO . Mario Benedetti

Ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

ver que el dinero forma un cerco
alrededor de tu esperanza
sentir que otros
los peores
entran a saco por tu sueño

ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

no obstante
cómo desalienta
verte bajar tu esperanza
saberte lejos de ti mismo

oírte
primero despacito
decir que sí
decir sí quiero
comunicarlo luego al mundo
con un orgullo enajenado

y ver que un día
pobre diablo
ya para siempre pordiosero
poquito a poco
abres la mano

y nunca más
puedes cerrarla.

 

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FELIZ DÍA DEL LIBRO

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